name='msvalidate.01'/>meta content='86CBA2551749946D47FD1199BD470D32' name='msvalidate.01'/> Autoestima Por El Piso

Hola!!! Bienvenido

Bienvenidos a Autoestima por el Piso, un espacio creado por Diana Gamboa para quienes alguna vez se han sentido insuficientes, rotos, invisibles o cansados de fingir que todo está bien. Este blog nace desde la verdad, desde las heridas que muchos callan y desde la necesidad de recordar que incluso en los días más oscuros seguimos teniendo valor. Aquí encontrarás reflexiones honestas, experiencias reales, herramientas para sanar emocionalmente y palabras que abrazan cuando el mundo pesa demasiado. Autoestima por el Piso no busca mostrar una vida perfecta; busca acompañarte en el proceso de reconstruirte, aceptarte y volver a creer en ti. Porque sanar no es un camino lineal, pero sí uno posible. Gracias por estar aquí. Este espacio también es tuyo.

Sobre el autor

Diana E. Gamboa es profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, Colombia, con una trayectoria enfocada en el análisis social, la inmigración y el impacto de los cambios culturales en la sociedad moderna. Su pasión por ayudar a las personas y generar conciencia sobre los problemas emocionales y sociales de esta generación la llevó a crear el blog Autoestima por el Piso, un espacio de reflexión profunda sobre relaciones humanas, salud mental, autoestima, redes sociales y valores. Además de su formación internacional, realizó estudios en Estados Unidos de Bookkeeping y Tax Accounting en Los Angeles City College, fortaleciendo su experiencia profesional en áreas administrativas y financieras. También es Notary Public comisionada, comprometida con el servicio a la comunidad inmigrante y el acompañamiento a personas que buscan orientación y apoyo en momentos importantes de sus vidas. Diana también se desempeña como escritora independiente, desarrollando artículos y reflexiones sobre sociedad, emociones, relaciones humanas, inmigración y crecimiento personal. Su compromiso con la comunidad incluye asesoría en adaptación al inmigrante, ayudando a personas y familias a enfrentar los desafíos emocionales, culturales y sociales que implica comenzar una nueva vida en otro país. Como parte de su vocación de servicio, participa como Dominical School Teacher para niños de iglesias cristianas, promoviendo valores, empatía, fe y orientación positiva para las nuevas generaciones. Además, es una firme defensora de los animales y participa activamente en causas relacionadas con su protección y bienestar. Su sensibilidad social y humana se refleja tanto en su trabajo como en sus escritos. Diana E. Gamboa es autora del libro 101 Reflexiones para Compartir y Nunca Olvidar, una obra enfocada en experiencias de vida, crecimiento personal, emociones y reflexiones sobre la realidad de la sociedad actual. A través de su blog y sus publicaciones, busca inspirar conciencia, reflexión y fortaleza emocional en un mundo marcado por la ansiedad, la pérdida de valores y la desconexión humana. Como escritora independiente, cuenta con dos de los blogs más visitados por sus seguidores. http://autoestimaporelpiso.blogspot.com/ y http://mrpartyinvitations.blogspot.com/ Su principal objetivo con esta página es lograr que tanto jovenes como adultos amen la la vida y descubran lo mejor de su ser.

jueves, 4 de junio de 2026

Cuando el Estado decide quedarse con lo tuyo


 

Cuando el Estado decide quién debe quedarse con lo tuyo

Por Diana Gamboa

Pocas ideas generan tanta controversia como la expropiación. Para sus defensores, puede ser una herramienta excepcional para alcanzar objetivos públicos o corregir desigualdades. Para sus críticos, representa una de las mayores amenazas a la libertad económica y a los derechos de propiedad. Y ahí comienza el debate.

A lo largo de la historia, diversos gobiernos han argumentado que ciertas propiedades, empresas o recursos debían pasar a control estatal en nombre del interés colectivo. La promesa suele ser atractiva: más igualdad, más justicia, más oportunidades para todos. Sin embargo, muchos críticos sostienen que las buenas intenciones no garantizan buenos resultados.

Cuando las personas sienten que el fruto de su esfuerzo puede ser tomado por decisiones políticas, la confianza disminuye. Los pequeños empresarios dudan en invertir, los emprendedores se vuelven más cautelosos.Y quienes generan empleo pueden buscar entornos donde las reglas sean más estables. Para muchos economistas, la seguridad jurídica es uno de los pilares fundamentales del crecimiento económico.

Una de las preguntas más difíciles es determinar quién tiene la autoridad para decidir cuándo una propiedad debe cambiar de manos. Algunos sostienen que el Estado debe intervenir cuando existe una necesidad pública legítima. Otros creen que expandir demasiado ese poder abre la puerta a abusos y decisiones arbitrarias.

El debate no es simple. Y precisamente por eso genera tanta división.

Los críticos de las expropiaciones masivas suelen señalar ejemplos históricos donde políticas de control estatal terminaron produciendo escasez, menor inversión o deterioro económico. También argumentan que cuando el poder político controla demasiados recursos, aumenta el riesgo de corrupción y favoritismo. Sus defensores, por otro lado, sostienen que en ciertos contextos la intervención estatal puede ser necesaria para proteger intereses colectivos.

Quizá la pregunta más importante no sea si una política es de izquierda o de derecha. La pregunta es si mejora realmente la vida de las personas. Las políticas públicas deberían evaluarse por sus resultados concretos, no únicamente por las promesas que las acompañan.

Las sociedades prosperan cuando existe confianza. Confianza en las instituciones, confianza en las reglas. confianza en que el esfuerzo, confianza en la inversión y por supuesto, confianza en el trabajo.

Por eso, cualquier propuesta que afecte la propiedad privada genera debates intensos porque para muchos ciudadanos no se trata únicamente de economía. Se trata de libertad, seguridad y la capacidad de construir un futuro con reglas claras para todos.

miércoles, 3 de junio de 2026

El odio se volvió viral


 

El odio se volvió viral: cómo las redes sociales están premiando la destrucción humana

Por Diana E Gamboa 

Antes las personas buscaban respeto. Hoy muchas buscan atención  y en internet, el camino más rápido para conseguirla parece ser el odio.

Las redes sociales crearon un mundo donde insultar, humillar, cancelar y atacar genera más visitas que dialogar, comprender o construir algo positivo. Mientras más polémica exista, más interacción producen las plataformas. Y mientras más interacción existe, más popularidad reciben quienes alimentan el conflicto.

El problema es que esta cultura digital está cambiando la forma en que millones de personas se relacionan entre sí. Hoy cualquiera puede hacerse viral en horas, no hace falta talento, no hace falta inteligencia. Muchas veces ni siquiera hace falta decir la verdad. Solo hace falta generar enojo.

Un video ofensivo, una humillación pública, un comentario cruel, una pelea grabada, una mentira escandalosa y el algoritmo hace el resto.

Las redes sociales descubrieron que el odio mantiene a las personas pegadas a la pantalla más tiempo que la tranquilidad. Por eso los contenidos más agresivos suelen ser los más compartidos. La indignación se convirtió en entretenimiento.

Algo peligroso está ocurriendo: las personas están dejando de verse como seres humanos y comenzando a verse como objetivos digitales. Detrás de una pantalla, muchos olvidan que hay emociones reales, ansiedad real y dolor real.

Ahora las humillaciones se vuelven tendencias, los errores se convierten en memes, los ataques masivos duran días y la empatía desaparece entre comentarios y reacciones. Internet creó una generación que muchas veces se ríe primero y piensa después.

La división vende. Mientras más peleas existan entre personas, grupos o ideologías, más tráfico generan las plataformas. Por eso los algoritmos suelen mostrar contenidos extremos, agresivos o emocionalmente explosivos. Porque el odio produce clics y los  clics producen dinero.

Poco a poco, muchas personas comenzaron a vivir enojadas permanentemente, reaccionando a todo, discutiendo por todo y atacando a cualquiera que piense diferente. La conversación desapareció y la guerra digital comenzó.

Nunca hubo tantas personas buscando aprobación y al mismo tiempo sintiéndose emocionalmente destruidas. Las redes sociales crearon una presión constante por encajar, responder, opinar y defenderse. Muchos viven pendientes del qué dirán, aterrados por ser criticados públicamente o ignorados digitalmente.

La consecuencia es una generación emocionalmente agotada.  Ansiedad, estrés, vacio, soledad y miedo al rechazo. Todo escondido detrás de perfiles que aparentan felicidad.

El verdadero peligro es que el odio dejó de sorprendernos. Nos acostumbramos demasiado rápido a la crueldad. Vemos insultos todos los días, ataques  todos los días, humillaciones todos los días y poco a poco, lo normal comenzó a parecer aceptable.

Las redes sociales pueden destruir o conectar. Pueden dividir o inspirar. Pueden amplificar odio… o humanidad. La diferencia depende de lo que cada persona decide alimentar porque  al final, hacerse popular destruyendo a otros puede dar fama momentánea pero  jamás llenará el vacío de una sociedad que olvidó cómo tratarse con empatía y quizá la verdadera revolución hoy no sea volverse viral. Quizá sea negarse a convertir el odio en entretenimiento.

Infidelidad en tiempos modernos


Infidelidad en tiempos modernos: cuando el amor compite con la era digital

Por Diana Gamboa

Antes, la infidelidad era algo que se descubría con el tiempo, con señales lentas, con sospechas que crecían en silencio. Hoy, puede empezar con un mensaje, un “hola” inocente, un emoji, una conversación que no parecía peligrosa, un “solo es un amigo” o “solo es una amiga”. Y sin darse cuenta, muchas relaciones comienzan a romperse en lugares donde nadie está mirando: las pantallas.

Las relaciones ya no viven solo en la realidad. También viven en redes sociales como Instagram y en aplicaciones de mensajería donde todo parece privado, pero nada realmente lo es.

Ahora el amor no solo se mide en lo que se dice cara a cara, sino también en: likes, reacciones, mensajes ocultos,
historias vistas y conversaciones que nunca se muestran.

La infidelidad moderna no siempre empieza con un encuentro físico. A veces empieza con atención emocional con alguien que escucha más, con alguien que responde más rápido, con alguien que parece entender lo que la pareja dejó de escuchar y ahí ocurre algo peligroso: el vacío emocional se convierte en puerta abierta.

La infidelidad en tiempos modernos no es solo el acto final. Es todo el proceso invisible que ocurre antes: la desconexión, la rutina emocional, la falta de comunicación, la búsqueda de validación externa. Muchas relaciones no se rompen de un día para otro. Se desgastan lentamente en silencio.

Las redes sociales no crean la infidelidad, pero sí la facilitan. Personas nuevas aparecen constantemente en la vida digital: mensajes directos, recomendaciones, interacciones inesperadas y en un mundo donde la atención es constante, la tentación también lo es no por falta de amor siempre, sino por exceso de distracción.

Antes, una relación se comparaba con recuerdos. Ahora se compara con miles de vidas ajenas en internet. Parejas “perfectas” en redes sociales, relaciones  idealizadas, historias editadas; eso genera presión, inseguridad y expectativas irreales que afectan la estabilidad emocional de muchas parejas.

La infidelidad moderna muchas veces no comienza con falta de amor. Comienza con falta de atención. Cuando alguien deja de sentirse visto, escuchado o valorado, empieza a buscar afuera lo que siente que ya no tiene adentro.

Cuando una infidelidad se descubre, el dolor no es solo por lo ocurrido, es por todo lo que se ignoró antes. Las señales pequeñas, las conversaciones evitadas, las emociones no expresadas, los límites no puestos. El problema no aparece de repente se acumula.

Hoy es más fácil conocer a alguien nuevo que sostener una relación profunda pero también es más fácil perder lo que parecía estable porque  la atención es constante, pero la profundidad emocional es cada vez más escasa.

El reto no es solo evitar la infidelidad es construir relaciones donde no exista la necesidad de buscar afuera lo que debería cuidarse dentro. Donde la comunicación sea más fuerte que el silencio. Donde la presencia sea más importante que la validación externa.

En tiempos modernos, el amor no solo compite con el mundo, compite con la distracción constante y quizás la verdadera fidelidad no sea solo física…sino  emocional: elegir todos los días no desconectarse de la persona que tienes al lado.

Estamos en un punto donde todo se presta para las infidelidades. Tanto mujeres como hombres han creado una puerta abierta al placer y lo justifican en el vacío que tienen en la relación.

El problema radica en que tan honesto eres con tu pareja, puede que no lo engañes físicamente pero si   tienes fantasías con personajes que no son tu pareja te puedes incluir en la lista de infieles en potencia.

Por más inocente que parezca puede tornarse en una infidelidad .

Te acostumbraste a no ser prioridad

 

Te acostumbraste a no ser prioridad

Por Diana Gamboa


No ocurrió de un día para otro. Nadie se despierta una mañana y decide aceptar menos de lo que merece. Sucede poco a poco. Tan lentamente que ni siquiera te das cuenta.

Primero justificaste una llamada que nunca llegó, después  entendiste un mensaje que tardó días en responderse. Más tarde comenzaste a aceptar excusas y sin darte cuenta, empezaste a conformarte con migajas emocionales mientras fingías que era amor.

Esperabas mensajes, esperabas  atención, esperabas  tiempo, esperabas interés, esperabas que alguien te eligiera de la misma manera en que tú lo elegías. Pero la espera se volvió tan frecuente que dejó de parecer extraña y un día descubriste que vivías esperando algo que nunca terminaba de llegar.

Hay personas que aman tanto que terminan olvidándose de sí mismas. Escuchan, comprenden, perdonan, justifican y poco a poco comienzan a ocupar el último lugar en su propia vida. Se convierten en expertos en cuidar a otros mientras se abandonan por dentro.

Te convenciste de que era normal.  Normal ser la segunda opción, normal recibir atención solo cuando era conveniente, normal sentirte invisible, normal hacer esfuerzos que nunca eran correspondidos. Pero no era normal. Solo te acostumbraste.

Lo más triste no es que alguien no te haya valorado. Lo más triste es cuando tú también dejaste de valorarte. Cuando aceptaste silencios que te dolían, cuando toleraste indiferencia para no perder a alguien, cuando confundiste necesidad con amor.

Llega un momento en que algo cambia. Tal vez una decepción, tal vez una ausencia, tal vez el cansancio de dar siempre más de lo que recibes y entonces entiendes algo importante el amor no debería sentirse como una batalla constante por ser visto.

Sanar no siempre significa encontrar a otra persona. A veces significa volver a encontrarte a ti. Recordar que tu valor no depende de la atención de nadie, que tu dignidad no debería negociarse, que mereces reciprocidad, respeto y presencia.

Quizás llevas tanto tiempo acostumbrándote a no ser prioridad que olvidaste cómo se siente ser importante. Pero nunca es tarde para cambiar eso. Nunca es tarde para dejar de perseguir a quienes a penas te notan. 

Nunca es tarde para elegirte porque el día que entiendes tu valor, dejas de aceptar lugares donde constantemente te hacen sentir reemplazable y descubres algo que siempre estuvo ahí: También mereces ser prioridad en la vida de alguien. Especialmente en la tuya.

martes, 2 de junio de 2026

El desafio de educar en tiempos de confusión


 

El desafío de educar en tiempos de confusión

Por Diana Gamboa

Muchos padres sienten que algo está cambiando profundamente en la educación de sus hijos. No siempre pueden explicarlo con precisión, pero perciben una inquietud constante: la sensación de que, además de matemáticas, ciencias o literatura, sus hijos están siendo expuestos a una enorme cantidad de mensajes, influencias y presiones que compiten con los valores aprendidos en casa.

La pregunta que muchos se hacen no es qué están aprendiendo los niños. La pregunta es: ¿quién está influyendo más en ellos?

Los niños de hoy crecen en un mundo completamente diferente al de generaciones anteriores. Ya no reciben enseñanzas únicamente de sus padres, familiares o maestros. Ahora también aprenden de: las redes sociales, los creadores de contenido, las plataformas digitales, los influencers y las tendencias que cambian cada semana.

En medio de ese ruido constante, muchos padres sienten que su voz tiene cada vez menos peso.

Durante mucho tiempo, la familia, la escuela y la comunidad compartían ciertos principios básicos:
el respeto, la responsabilidad, la honestidad, la empatía,
y el esfuerzo personal.

Hoy existe un debate cada vez más intenso sobre cuáles deben ser los valores que guíen a las nuevas generaciones. Algunos ven esta diversidad de ideas como una oportunidad. Otros la perciben como una fuente de confusión.

Cuando padres, maestros y comunidades dejan de conversar entre sí, los niños quedan atrapados en medio de conflictos que no entienden completamente.

La educación no debería convertirse en una batalla permanente entre adultos. Debería ser un espacio donde los jóvenes aprendan a pensar, analizar, cuestionar y construir sus propios criterios con responsabilidad.

Las familias pueden tener creencias, tradiciones y perspectivas distintas. Sin embargo, existen valores que siguen siendo esenciales para cualquier sociedad saludable: La honestidad, la compasión, el respeto por los demás, la responsabilidad personal, la capacidad de escuchar opiniones diferentes sin recurrir al odio. Estos principios no pertenecen a una ideología específica. Pertenecen a la convivencia humana.

Los niños no necesitan adultos gritándose unos a otros. Necesitan ejemplos, necesitan  coherencia, necesitan personas que les enseñen que la verdad importa, que las acciones tienen consecuencias y que el carácter se construye día a día porque  los valores no se aprenden principalmente en discursos. Se aprenden observando.

La educación de un niño nunca depende de una sola institución. Es una tarea compartida entre familias, escuelas y comunidades. Cuando cualquiera de esas partes falla, los niños sienten las consecuencias. Por eso, más que buscar culpables, quizá la pregunta más importante sea: ¿Qué podemos hacer hoy para formar jóvenes más responsables, más empáticos y más preparados para enfrentar el mundo?

La verdadera preocupación no debería ser únicamente qué ideas escuchan nuestros hijos. Debería ser si estamos ayudándolos a desarrollar el criterio, la integridad y la fortaleza moral necesarias para distinguir entre lo correcto y lo incorrecto porque  una sociedad no se fortalece cuando todos piensan igual. Se fortalece cuando las nuevas generaciones aprenden a actuar con responsabilidad, respeto y humanidad.

lunes, 1 de junio de 2026

La guerra de las etiquetas


 

La guerra de las etiquetas: jóvenes “woke”, redes sociales y la crisis del pensamiento crítico

Por Diana E Gamboa

Vivimos en una época donde una palabra puede destruir amistades, carreras y conversaciones completas. Hablar de: woke, fascista, progresista, cancelado y ofendido, etc., pueden desatar un campo de batalla.

Las redes sociales transformaron las ideas en bandos y a las personas en enemigos digitales. Y en medio de esa guerra constante, algo importante comenzó a desaparecer: la capacidad de pensar con calma.

Muchos jóvenes crecieron en internet, un lugar donde todo ocurre rápido: opiniones rápidas, indignación rápida,
cancelaciones rápidas y juicios rápidos. Ya casi nadie escucha para comprender. Ahora muchos escuchan solo para responder o atacar.

Las redes sociales premian las emociones extremas porque generan más interacción. Mientras más enojo exista, más comentarios aparecen. Mientras más polémica haya, más viral se vuelve el contenido. Y así nació una cultura donde reaccionar importa más que reflexionar.

Tener ideas políticas o sociales distintas no es el verdadero problema. Las sociedades necesitan debate, diversidad de opiniones y cambios. El problema aparece cuando cualquier desacuerdo se convierte en odio automático.

Hoy muchas personas sienten miedo de hablar honestamente porque internet puede convertir un error, una frase fuera de contexto o una opinión impopular en un ataque masivo. La conversación desapareció y la humillación pública tomó su lugar.

En redes sociales, algunas personas no buscan dialogar.
Buscan demostrar públicamente que son “mejores” que los demás. Corrigen, exponen, ridiculizan y cancelan. Todo frente a una audiencia digital. Y muchas veces esa necesidad de aprobación termina creando discusiones vacías donde lo importante no es encontrar verdad, sino ganar popularidad.

Algo preocupante está ocurriendo: muchas personas ya no investigan antes de opinar. Comparten titulares sin leer. Repiten frases virales. Atacan personas sin contexto. Creen cualquier cosa que confirme lo que ya piensan.

Internet dio acceso infinito a información, pero también a desinformación, manipulación y polarización emocional y cuando el pensamiento crítico desaparece, las masas se vuelven fáciles de manipular.

Detrás de toda esta guerra digital existe una generación emocionalmente cansada. Ansiedad, miedo social, necesidad constante de aprobación, presión por encajar ideológicamente y terror a ser rechazados en internet.

Muchos viven pendientes de cómo serán percibidos públicamente en lugar de descubrir quiénes son realmente.

El problema no es ser “woke”, conservador, liberal o diferente. El verdadero peligro es una sociedad donde pensar distinto automáticamente convierte a alguien en enemigo porque cuando el diálogo muere, el extremismo crece.

No todo está perdido. Todavía existen jóvenes inteligentes, críticos y conscientes que quieren conversaciones reales en lugar de guerras digitales. Personas capaces de escuchar sin odiar y debatir sin destruir.

Quizá la próxima revolución no sea política. Quizá sea recuperar la capacidad de pensar profundamente en un mundo que quiere que todos reaccionen superficialmente.

Autoestima por el piso


 

Autoestima por el piso: la epidemia silenciosa de una generación

Por Diana Gamboa

Hay personas que sonríen en fotos mientras por dentro se sienten destruidas. Personas que publican frases felices, suben historias todos los días y aparentan seguridad… pero cada noche luchan contra pensamientos que nadie imagina.

La autoestima baja se convirtió en una epidemia silenciosa y las redes sociales están empeorando todo.

Nunca antes las personas tuvieron acceso a tantas vidas ajenas al mismo tiempo. Abres el teléfono y ves: cuerpos “perfectos”, viajes lujosos, parejas felices, dinero, fama, éxito, popularidad y poco a poco empiezas a sentir que tu vida no es suficiente.

Las redes sociales transformaron la comparación en rutina diaria. Y cuando alguien vive comparándose constantemente, la autoestima comienza a romperse lentamente.

Muchas personas ya no saben cuánto valen si nadie las valida. Un “like” puede mejorar el día, un comentario negativo puede destruirlo. Así de frágil se volvió la estabilidad emocional de millones porque cuando el valor personal depende de la opinión de internet, cualquier rechazo se siente gigantesco.

Existe una presión constante por aparentar felicidad.“No demuestres debilidad.”, “No muestres tristeza.”, “No hagas el ridículo.”, “No fracases públicamente.” y así, miles terminan actuando todo el tiempo.

Fingen seguridad, fingen fortaleza y fingen estabilidad emocional. Pero nadie puede vivir eternamente escondiendo lo que siente. 

La autoestima baja no siempre se nota. A veces se ve como silencio, como miedo, como ansiedad, como necesidad excesiva de agradar, como personas que soportan malos tratos porque creen que no merecen algo mejor. Y mientras más vacía se siente una persona por dentro, más busca llenar ese vacío con aprobación externa.

Internet repite constantemente una idea tóxica: “Tu valor depende de cómo te ves, cuánto tienes o cuántos seguidores consigues.” y eso está destruyendo emocionalmente a millones de jóvenes que sienten que nunca alcanzan el nivel de perfección que ven en pantalla.

La mayoría de las vidas “perfectas” también tienen ansiedad, inseguridades y dolor detrás de cámaras. Nadie vive feliz todo el tiempo, nadie tiene todo resuelto, nadie debería medir su valor comparándose con versiones editadas de otros.

La autoestima no se recupera con filtros ni con fama. Se reconstruye cuando una persona deja de odiarse por no ser perfecta. Cuando aprende a poner límites, cuando deja de mendigar aceptación, cuando entiende que su valor humano no depende de internet.

Tal vez el mayor acto de rebeldía en esta generación no sea hacerse viral. Tal vez sea aprender a mirarse al espejo sin sentir que nunca es suficiente porque  una persona puede tener miles de seguidores y aun así sentirse vacía.

Pero alguien que aprende a valorarse de verdad… ya no necesita vivir buscando aprobación para sentirse importante.

Autoestima por el piso

Autoestima por el piso
📖 Diana E. Gamboa
🖤 “Donde lo que sientes deja de ser silencio.”

Autoestima por el piso

Bienvenidos a Autoestima por el Piso, el blog donde se habla de lo que muchos sienten, pero pocos se atreven a decir. Este no es un espacio de frases bonitas ni de vidas perfectas. Es un lugar para la realidad cruda: la ansiedad que no se ve, las relaciones que rompen por dentro, las redes sociales que comparan, la soledad en medio de miles de contactos y esa sensación silenciosa de no ser suficiente en un mundo que exige perfección todo el tiempo. Aquí se habla de autoestima caída, de emociones que pesan, de decisiones que duelen y de una sociedad que avanza rápido mientras muchas personas se quedan tratando de entender qué está pasando dentro de ellas mismas. Autoestima por el Piso nace para ponerle palabras a lo que normalmente se esconde. Para quienes sonríen afuera pero por dentro están en guerra. Para quienes han sido traicionados, ignorados, confundidos o simplemente sienten que se están perdiendo a sí mismos en medio del ruido del mundo moderno. Cada artículo busca algo más que viralidad: busca despertar, incomodar, hacer reflexionar y, sobre todo, hacer que alguien al otro lado de la pantalla diga: “no soy el único que se siente así”. Porque hoy más que nunca, la verdadera crisis no es solo económica o social… es emocional. Y este blog existe para hablar de eso sin filtros.

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