¿POR QUÉ UNAS PERSONAS TIENEN MÁS SUERTE QUE OTRAS?
Y por qué también parece que algunos animales nacen con más suerte que otros
Por Diana E Gamboa
Hay preguntas que parecen sencillas, pero cuando intentamos responderlas nos llevan a mirar la vida desde una perspectiva mucho más profunda.
¿Por qué algunas personas nacen en familias que las aman, las protegen y les ofrecen oportunidades, mientras otras nacen en hogares donde desde el primer día tienen que luchar por sobrevivir?
¿Por qué algunos niños crecen rodeados de libros, educación, estabilidad y posibilidades, mientras otros conocen desde pequeños el hambre, la pobreza o el abandono?
Y si observamos el mundo animal, la pregunta se vuelve todavía más evidente.
¿Por qué un perro nace en una familia que lo cuida, duerme en una cama caliente, recibe alimento y atención veterinaria, mientras otro nace en la calle y tiene que buscar comida para sobrevivir?
¿Por qué un caballo puede nacer en un lugar donde es alimentado y protegido, mientras otro puede pasar gran parte de su vida expuesto al abandono?
A simple vista, podríamos responder con una sola palabra:
Suerte.
Pero la realidad es mucho más compleja.
NACER NO ES UNA ELECCIÓN
Nadie elige dónde nacer.
Una persona no puede escoger a sus padres, su país, su situación económica, sus circunstancias familiares ni las oportunidades que encontrará durante sus primeros años de vida.
Tampoco un animal puede elegir dónde nacer.
Un cachorro no decide si llegará a una casa donde será considerado parte de la familia o si terminará viviendo en las calles.
Un gato no decide si encontrará una persona que lo rescate o si tendrá que enfrentarse diariamente a los peligros del abandono.
Por eso, cuando hablamos de “suerte”, muchas veces estamos hablando de algo que ocurrió antes de que pudiéramos hacer cualquier cosa para cambiarlo.
El punto de partida de cada vida es diferente.
HAY QUIENES RECIBEN UN REGALO SIN HABERLO PEDIDO
Hay personas que nacen en circunstancias privilegiadas.
Reciben amor, educación, seguridad, estabilidad económica y personas que creen en ellas.
Eso no significa necesariamente que tendrán una vida perfecta.
También quienes nacen con oportunidades pueden enfrentar pérdidas, enfermedades, decepciones, fracasos y momentos difíciles.
Pero comienzan la carrera desde un lugar diferente.
Mientras unos tienen que construir un camino desde cero, otros reciben caminos que ya fueron construidos por generaciones anteriores.
Una persona puede heredar una casa.
Otra puede heredar deudas.
Una puede recibir una empresa familiar.
Otra puede comenzar trabajando desde muy joven para ayudar a su familia.
Una puede tener padres que puedan pagarle una educación.
Otra puede tener que abandonar sus propios sueños para ayudar a sobrevivir a los suyos.
No siempre es cuestión de quién trabaja más.
A veces, sencillamente, las circunstancias iniciales fueron diferentes.
LOS ANIMALES TAMBIÉN NACEN EN REALIDADES MUY DISTINTAS
Quizás una de las formas más claras de entender esto sea observar a los animales.
Dos cachorros pueden nacer el mismo día y, sin embargo, tener destinos completamente diferentes.
Uno puede ser recibido por una familia que lo lleva al veterinario, le proporciona alimento, juguetes, protección y cariño.
El otro puede nacer en la calle.
Ninguno hizo algo para merecer su destino.
Ninguno escogió su situación.
Y, sin embargo, sus vidas comienzan de manera completamente distinta.
Por eso resulta difícil hablar de “merecimiento” cuando observamos las circunstancias de nacimiento.
Un animal abandonado no es menos valioso que uno que vive en una casa.
Simplemente tuvo un comienzo diferente.
Y esto también debería hacernos pensar en los seres humanos.
LA SUERTE PUEDE ABRIR UNA PUERTA, PERO NO CAMINA POR NOSOTROS
Existe, sin embargo, una segunda parte de la historia.
Tener un buen comienzo puede ser una ventaja, pero no garantiza un buen final.
Y comenzar con dificultades tampoco significa que una persona esté condenada a vivir en ellas para siempre.
La vida tiene demasiadas variables para reducirla completamente a la suerte.
Existen las oportunidades.
Existe el esfuerzo.
Existe la educación.
Existen las decisiones.
Existen las personas que aparecen en nuestro camino.
Existe la perseverancia.
Y también existen circunstancias que escapan completamente a nuestro control.
Por eso, quizá sea más justo decir que la suerte puede influir en el punto de partida, pero no determina por sí sola todo el recorrido.
NO CONFUNDAMOS PRIVILEGIO CON CULPA
Una persona que nació en una familia estable no debería sentirse culpable por haber tenido una oportunidad que otra persona no tuvo.
Pero tampoco debería olvidar que esa oportunidad existió.
Del mismo modo, una persona que tuvo que luchar desde muy temprano no debería pensar que sus dificultades significan que vale menos.
Las circunstancias no determinan el valor de una persona.
Dos personas pueden recibir comienzos completamente diferentes y tener exactamente la misma dignidad.
Quizás por eso deberíamos aprender a mirar con menos juicio y con más comprensión.
No sabemos qué historia existe detrás de la vida que estamos observando.
¿Y QUÉ HACEMOS CON LA SUERTE QUE RECIBIMOS?
Aquí aparece una pregunta mucho más importante.
Si tuvimos la fortuna de nacer en un hogar donde fuimos amados, ¿qué hacemos con ese amor?
Si tuvimos acceso a educación, ¿cómo utilizamos ese conocimiento?
Si tuvimos recursos, ¿podemos ayudar a alguien que no los tuvo?
Si encontramos un animal abandonado, ¿podemos ofrecerle un poco de la protección que nosotros consideramos normal?
Tal vez la verdadera prueba de la suerte no sea haberla recibido.
Tal vez sea qué hacemos con ella.
Porque hay personas que han recibido mucho y nunca comparten nada.
Y también existen personas que, aun habiendo recibido poco, encuentran una manera de ofrecer algo a los demás.
Una palabra.
Una comida.
Una oportunidad.
Una segunda oportunidad.
Un hogar.
Un acto de bondad.
QUIZÁS LA VIDA NO SEA JUSTA, PERO NOSOTROS PODEMOS SER MÁS JUSTOS
No todas las historias comienzan igual.
Algunas comienzan con una familia esperando con ilusión a un hijo.
Otras comienzan con abandono.
Algunas comienzan con una casa llena de amor.
Otras comienzan en medio de dificultades.
Algunos animales nacen rodeados de cuidados.
Otros necesitan que alguien los encuentre y decida ayudarlos.
No podemos controlar todos los comienzos.
Pero sí podemos decidir qué hacemos cuando tenemos la posibilidad de cambiar un pequeño fragmento de la historia de alguien.
Quizás no podamos solucionar todas las injusticias del mundo.
Pero podemos hacer que el mundo sea un poco menos difícil para alguien.
Y eso también es una forma de transformar la suerte.
LA SUERTE MÁS GRANDE
Después de observar tantas vidas diferentes, quizás la pregunta no debería ser solamente:
“¿Por qué él tuvo más suerte que yo?”
Tal vez también deberíamos preguntarnos:
“¿Qué puedo hacer con las oportunidades que sí tengo?”
Y cuando la vida nos permita ayudar a alguien que comenzó con menos posibilidades, quizá debamos recordar algo:
No escogimos dónde nacimos.
No escogimos nuestras primeras oportunidades.
No escogimos muchas de las circunstancias que encontramos en el camino.
Pero sí podemos escoger qué clase de persona queremos ser frente a ellas.
Porque algunas personas nacen con más oportunidades.
Algunos animales nacen en hogares donde serán protegidos.
Otros tendrán que esperar a que alguien los rescate.
La suerte puede repartir los primeros capítulos de manera desigual.
Pero la compasión puede ayudarnos a escribir capítulos diferentes.
Y quizás ahí esté una de las mayores responsabilidades de quienes hemos tenido la fortuna de recibir algo que otros todavía están esperando:
no olvidar que alguna vez nosotros también dependimos de alguien.










