¿Puede un cristiano apoyar la agenda política de la izquierda?
Una mirada desde la Biblia, la conciencia y la realidad política de Estados Unidos
Por Diana E. Gamboa
En una época en la que la política ha dividido incluso a familias, iglesias y comunidades cristianas, existe una pregunta que merece ser planteada con respeto, pero también con honestidad:
¿Hasta dónde puede un cristiano apoyar una agenda política cuando algunos de sus principios chocan con sus convicciones bíblicas?
La respuesta no debería surgir de la propaganda de ningún partido. Tampoco de la simpatía personal por un candidato.
Para un cristiano, el punto de referencia debe ser otro:
¿Qué enseña la Biblia y qué principios intenta promover cada propuesta política?
Eso exige mirar los hechos.
El aborto: una de las mayores diferencias
La posición oficial demócrata ha defendido el acceso al aborto y ha declarado que busca restaurar las protecciones de Roe v. Wade. El propio Partido Demócrata afirma que lucha por proteger el derecho de las mujeres a decidir y por ampliar el acceso a servicios de salud reproductiva.
Aquí aparece un conflicto profundo para muchos cristianos.
La Biblia no utiliza el lenguaje jurídico moderno de “derecho al aborto”, pero sí presenta la vida humana como algo conocido y formado por Dios desde el vientre.
“Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.”
— Salmo 139:13
Y Juan el Bautista es presentado reaccionando desde el vientre de su madre ante la presencia de Jesús (Lucas 1:41-44).
Por eso, para un cristiano que entiende que la vida humana tiene valor antes del nacimiento, apoyar políticas que amplían el acceso al aborto puede producir una contradicción moral importante.
No significa que todos los cristianos tengan exactamente la misma posición política sobre cada circunstancia relacionada con el aborto. Sí significa que la defensa de la vida prenatal es una convicción bíblica que muchos creyentes consideran incompatible con una política de aborto ampliamente protegida.
La agenda relacionada con las personas transgénero
El Partido Demócrata también ha adoptado una posición explícitamente favorable a los derechos de las personas transgénero y no binarias. El DNC ha declarado que busca protegerlas contra discriminación y violencia y ha utilizado expresamente el concepto de derechos trans.
Aquí es importante distinguir dos cuestiones.
Una cosa es tratar a toda persona con dignidad, respeto y ausencia de violencia.
Eso es completamente compatible con el mandato cristiano de amar al prójimo.
Otra cuestión es aceptar determinadas concepciones sobre sexo, género y identidad.
En la tradición bíblica, el relato de Génesis presenta a Dios creando a la humanidad como “varón y hembra” (Génesis 1:27). Jesús también hace referencia a la creación de “varón y hembra” en Mateo 19:4.
Por lo tanto, un cristiano puede defender que ninguna persona debe ser maltratada, humillada o discriminada injustamente y, al mismo tiempo, mantener una concepción bíblica del sexo y del género.
Amar a una persona no obliga necesariamente a aceptar todas sus ideas.
¿Realmente los demócratas quieren una frontera abierta?
Aquí es necesario ser precisos.
La expresión “fronteras abiertas” se utiliza frecuentemente en el debate político, y se comprobó con el ingreso de millones de indocumentados de forma desordenada en el mandato de Biden y Kamala. Millones de personas provenientes de diferentes partes del mundo que ingresaron con antecedentes criminales y que contribuyeron a una ola de violencia en el país e inseguridad para los ciudadanos. Criminales como los integrantes del tren de Aragua de Venezuela que implantaron el terror hasta que en el gobierno Republicano de Donald Trump pusieron mano dura y rompieron con esa ola de violencia permitida.
Al mismo tiempo, el partido demócrata o de izquierda ten todos sus discursos propone ampliar vías legales de inmigración, proporcionar determinadas vías hacia la ciudadanía para inmigrantes indocumentados de largo plazo y proteger programas como DACA. Pero han tenido la oportunidad de cambiar las leyes migratorias y no lo han hecho. Utilizan a las comunidades latinas y otras minorías para llenarlas de odio con mentiras que ellos mismo inventan.
Por eso, una crítica cristiana seria no debería decir simplemente:
“Los demócratas quieren fronteras abiertas.”
Es más exacto preguntarse qué tanto han cumplido y si han contribuido a un cambio positivo para el país y para la clase media trabajadora.
La discusión sobre si ese equilibrio es adecuado es política y legítimamente puede generar desacuerdos.
Pero la Biblia también habla del extranjero
Aquí el análisis cristiano debe ser equilibrado.
La Biblia ordena tratar al extranjero con justicia.
Levítico 19:34 dice:
“Como a un natural de vosotros tendréis al extranjero que more entre vosotros, y lo amarás como a ti mismo.”
Pero la Biblia también reconoce la autoridad del gobierno y la necesidad del orden.
Romanos 13 enseña que las autoridades civiles tienen una función relacionada con el orden y la justicia. Por eso, el cristiano no tiene que escoger entre compasión y ley. Puede defender ambas.
Puede creer que los inmigrantes deben ser tratados con dignidad y, simultáneamente, que un país tiene derecho a controlar sus fronteras, hacer cumplir sus leyes y establecer quién puede entrar legalmente.
La pregunta sobre el matrimonio y la familia
La visión bíblica de la familia también constituye otra diferencia importante entre el cristianismo tradicional y determinadas posiciones progresistas contemporáneas.
Génesis 2:24 presenta la unión entre hombre y mujer como parte del diseño establecido desde la creación.
Jesús reafirma esa enseñanza en Mateo 19:4-6.
Por eso, un cristiano que considera la Biblia como autoridad moral puede encontrar diferencias importantes con determinadas políticas culturales contemporáneas relacionadas con matrimonio, sexualidad y educación sobre género.
Pero nuevamente existe una distinción fundamental:
Defender una convicción bíblica no autoriza a despreciar a una persona.
Jesús podía defender la verdad y, al mismo tiempo, tratar a las personas con compasión.
¿Y qué ocurre con los republicanos?
Un análisis cristiano honesto tampoco debería convertir al Partido Republicano en sinónimo de cristianismo.
Los republicanos tienen posiciones que pueden coincidir con determinadas convicciones cristianas —por ejemplo, una mayor oposición al aborto, posiciones más restrictivas respecto de la inmigración ilegal y una concepción más tradicional de determinadas cuestiones familiares—, pero eso no significa que todo lo que propone un republicano sea automáticamente bíblico.
La Biblia también habla de:
ayudar al pobre;
cuidar al extranjero;
proteger al vulnerable;
defender al huérfano y a la viuda;
actuar con justicia;
rechazar la corrupción;
decir la verdad;
no oprimir al trabajador;
cuidar al necesitado.
Por tanto, un cristiano no debería entregar su conciencia completa a ningún partido político.
El verdadero peligro: convertir un partido en una religión
Existe una tentación peligrosa tanto en la izquierda como en la derecha:
convertir la política en una especie de religión.
Un cristiano puede votar por un candidato republicano y seguir estando en desacuerdo con algunas de sus políticas.
Puede votar por un demócrata y estar en desacuerdo con otras.
Puede incluso decidir no votar por ninguno.
Pero cuando una persona comienza a justificar cualquier conducta de su partido simplemente porque “es mi partido”, la política ha empezado a ocupar un lugar que no le corresponde.
Jesús no murió por un partido político.
No murió por demócratas.
No murió por republicanos.
Murió por las personas.
Entonces, ¿qué debería hacer un cristiano?
La pregunta correcta no es:
“¿Qué partido debo obedecer?”
La pregunta debería ser:
“¿Qué principios bíblicos deben guiar mi conciencia cuando evalúo las políticas y los candidatos?”
Eso implica examinar cada asunto individualmente:
Vida: ¿cómo protege esta política la vida humana?
Familia: ¿qué visión de la familia promueve?
Inmigración: ¿combina justicia, compasión, seguridad y respeto por la ley?
Pobreza: ¿cómo ayuda al necesitado?
Libertad religiosa: ¿protege la posibilidad de vivir públicamente de acuerdo con la propia fe?
Sexualidad y género: ¿qué visión del ser humano está promoviendo?
Justicia: ¿trata a las personas con igualdad ante la ley?
Gobierno: ¿respeta los límites del poder y las libertades individuales?
Y después de examinar esas preguntas, cada cristiano debe decidir delante de Dios.
La conciencia pertenece a Dios
Romanos 14:12 dice:
“De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.”
Eso significa que el cristiano no debería votar simplemente porque su familia vota de determinada manera, porque su iglesia lo exige, porque sus amigos lo presionan o porque un partido afirma representar los valores cristianos.
Debe estudiar.
Debe comparar.
Debe orar.
Debe conocer las posiciones reales de los candidatos y partidos.
Y finalmente debe actuar conforme a su conciencia.
En conclusión, La política estadounidense presenta diferencias reales entre los partidos en cuestiones como aborto, derechos LGBTQ+, inmigración, papel del gobierno, economía, educación y familia.
El Partido Demócrata declara oficialmente su apoyo a proteger el acceso al aborto, ampliar determinadas protecciones para personas LGBTQ+ y cometio el error de inundar el país con una inmigración desordenada y descontrolada que perjudica a ciudadanos como a los inmigrantes que han llegado a Estados Unidos con una misión descontrolada trabajar honestamente.
Eso permite que cada cristiano compare esas posiciones con sus convicciones bíblicas. Pero hay algo todavía más importante:
Cristo debe estar por encima del partido.
Un cristiano no está llamado a ser primero demócrata o republicano. Está llamado a ser discípulo de Cristo. Y cuando las ideologías políticas entren en conflicto con sus convicciones bíblicas, la decisión no debería depender de la presión del grupo, sino de una conciencia informada delante de Dios.
Porque la política cambia. Los partidos cambian. Los presidentes cambian. Las leyes cambian. Pero la responsabilidad moral de cada persona delante de Dios permanece.