Colombia ¿por qué muchos sienten hoy frustración?
Por Diana Gamboa
Durante años, una parte importante de la sociedad colombiana pidió un cambio profundo en la forma de gobernar el país.
Millones de ciudadanos estaban cansados de los mismos problemas:
la corrupción, la inseguridad, la desigualdad, la falta de oportunidades y la sensación de que las promesas políticas nunca se convertían en resultados. En ese contexto, una propuesta de izquierda logró conquistar a una parte significativa del electorado con un mensaje de transformación. Para muchos colombianos, representaba una oportunidad histórica pero la realidad era otra.
Cuando una sociedad vota por un cambio profundo, las expectativas suelen ser muy altas. Las personas esperan mejoras rápidas, esperan soluciones visibles, esperan que los problemas que han sufrido durante años comiencen a resolverse. Pero gobernar resulta mucho más difícil que hacer campaña. Y esa es una realidad que afecta a gobiernos de cualquier tendencia ideológica.
Las campañas electorales se construyen sobre esperanzas pero los gobiernos se enfrentan a limitaciones: presupuestos, instituciones, congresos divididos, crisis económicas, factores internacionales, corrupción, etc.
Por eso muchas promesas terminan encontrando obstáculos cuando llega el momento de convertirlas en políticas públicas y la frustración de algunos sectores se hace evidente.
Una parte de los colombianos considera que los cambios prometidos no han producido los resultados esperados. Algunos cuestionan decisiones económicas, otros expresan preocupación por temas de seguridad, inversión o crecimiento. Y muchos sienten que las expectativas creadas durante la campaña fueron mayores que los resultados percibidos en la vida cotidiana y esa percepción precisamente es la que ha generado debates intensos sobre el rumbo del país.
Una de las fortalezas de la democracia es que ningún gobierno está exento del juicio ciudadano. Los votantes tienen derecho a evaluar a sus líderes, a apoyar aquello que consideran positivo y a criticar aquello que consideran equivocado. Eso forma parte del proceso democrático.
Quizá la lección más importante es que ninguna ideología posee soluciones automáticas para problemas complejos. Los ciudadanos suelen juzgar menos las etiquetas políticas y más los resultados concretos: empleo, seguridad, educación, oportunidades, calidad de vida, entre otros. Al final, esos son los temas que influyen en la percepción pública de cualquier administración.
La historia política de Colombia continúa escribiéndose. Algunos ciudadanos consideran que el cambio prometido no cumplió sus expectativas. Otros defienden que las transformaciones profundas requieren más tiempo. Lo cierto es que la democracia permite que las sociedades evalúen continuamente a quienes gobiernan y en última instancia, serán los ciudadanos quienes decidan, con su experiencia y su voto, si el rumbo tomado era el correcto o si desean buscar una alternativa diferente para el futuro del país.