name='msvalidate.01'/>meta content='86CBA2551749946D47FD1199BD470D32' name='msvalidate.01'/> Autoestima Por El Piso

Hola!!! Bienvenido

Bienvenidos a Autoestima por el Piso, un espacio creado por Diana Gamboa para quienes alguna vez se han sentido insuficientes, rotos, invisibles o cansados de fingir que todo está bien. Este blog nace desde la verdad, desde las heridas que muchos callan y desde la necesidad de recordar que incluso en los días más oscuros seguimos teniendo valor. Aquí encontrarás reflexiones honestas, experiencias reales, herramientas para sanar emocionalmente y palabras que abrazan cuando el mundo pesa demasiado. Autoestima por el Piso no busca mostrar una vida perfecta; busca acompañarte en el proceso de reconstruirte, aceptarte y volver a creer en ti. Porque sanar no es un camino lineal, pero sí uno posible. Gracias por estar aquí. Este espacio también es tuyo.

Sobre el autor

Diana E. Gamboa es profesional en Relaciones Internacionales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, Colombia, con una trayectoria enfocada en el análisis social, la inmigración y el impacto de los cambios culturales en la sociedad moderna. Su pasión por ayudar a las personas y generar conciencia sobre los problemas emocionales y sociales de esta generación la llevó a crear el blog Autoestima por el Piso, un espacio de reflexión profunda sobre relaciones humanas, salud mental, autoestima, redes sociales y valores. Además de su formación internacional, realizó estudios en Estados Unidos de Bookkeeping y Tax Accounting en Los Angeles City College, fortaleciendo su experiencia profesional en áreas administrativas y financieras. También es Notary Public comisionada, comprometida con el servicio a la comunidad inmigrante y el acompañamiento a personas que buscan orientación y apoyo en momentos importantes de sus vidas. Diana también se desempeña como escritora independiente, desarrollando artículos y reflexiones sobre sociedad, emociones, relaciones humanas, inmigración y crecimiento personal. Su compromiso con la comunidad incluye asesoría en adaptación al inmigrante, ayudando a personas y familias a enfrentar los desafíos emocionales, culturales y sociales que implica comenzar una nueva vida en otro país. Como parte de su vocación de servicio, participa como Dominical School Teacher para niños de iglesias cristianas, promoviendo valores, empatía, fe y orientación positiva para las nuevas generaciones. Además, es una firme defensora de los animales y participa activamente en causas relacionadas con su protección y bienestar. Su sensibilidad social y humana se refleja tanto en su trabajo como en sus escritos. Diana E. Gamboa es autora del libro 101 Reflexiones para Compartir y Nunca Olvidar, una obra enfocada en experiencias de vida, crecimiento personal, emociones y reflexiones sobre la realidad de la sociedad actual. A través de su blog y sus publicaciones, busca inspirar conciencia, reflexión y fortaleza emocional en un mundo marcado por la ansiedad, la pérdida de valores y la desconexión humana. Como escritora independiente, cuenta con dos de los blogs más visitados por sus seguidores. http://autoestimaporelpiso.blogspot.com/ y http://mrpartyinvitations.blogspot.com/ Su principal objetivo con esta página es lograr que tanto jovenes como adultos amen la la vida y descubran lo mejor de su ser.

sábado, 30 de mayo de 2026

“Cierra las piernas”


 

“Cierra las piernas”: más allá de la frase, una conversación que necesitamos tener

Por Diana Gamboa

Durante años, una frase ha aparecido una y otra vez en debates sobre embarazos adolescentes: “Cierra las piernas.” Es una frase corta, directa y controvertida.  Pero el verdadero problema es que una frase por sí sola nunca ha resuelto una situación tan compleja.

Cada año, miles de adolescentes enfrentan decisiones que pueden cambiar el rumbo de sus vidas. Algunos no recibieron suficiente educación sobre relaciones y sexualidad. Otros actuaron impulsivamente. Algunos creían que “a mí no me va a pasar”. Y cuando la realidad llega, aparecen el miedo, la incertidumbre y las consecuencias.

Hablar de prevención no debería ser un tema prohibido. Tomar decisiones responsables puede evitar sufrimiento, conflictos familiares y situaciones difíciles para todos los involucrados.

La realidad es que cada decisión tiene consecuencias y cuanto más informado está un joven, más preparado estará para tomar decisiones que protejan su futuro.

Muchos adolescentes aprenden sobre relaciones a través de redes sociales, rumores o personas igual de desinformadas que ellos. Ese es un problema. Las conversaciones honestas entre padres, educadores y jóvenes pueden marcar una enorme diferencia porque la prevención comienza con información, comunicación y responsabilidad.

Cuando alguien es adolescente, es fácil creer que el presente es lo único que importa. Pero las decisiones tomadas hoy pueden afectar estudios, metas, relaciones y oportunidades futuras. Pensar antes de actuar no es una señal de miedo, es una señal de madurez.

La prevención no debería basarse en la vergüenza ni en los insultos. Debe basarse en el respeto por uno mismo, por los demás y por las consecuencias de nuestras acciones. Los jóvenes merecen información clara, apoyo y orientación para tomar decisiones conscientes.

Más allá de cualquier eslogan o frase polémica, la verdadera pregunta es: ¿Estamos preparando a nuestros jóvenes para tomar decisiones responsables? Porque prevenir situaciones difíciles no comienza con el miedo. Comienza con conocimiento, responsabilidad y la capacidad de pensar en el futuro antes de actuar.

La batalla cultural en internet


 

La batalla cultural en internet: “woke”, valores y la era de la polarización digital

Por Diana Gamboa

En los últimos años, una palabra se ha convertido en bandera, insulto y etiqueta al mismo tiempo: “woke”.

Para algunos, representa conciencia social, justicia y cambio. Para otros, simboliza exceso, censura o pérdida de referencias tradicionales.

Pero más allá del debate, hay algo más profundo ocurriendo en el fondo: las redes sociales están transformando cualquier discusión sobre valores en una guerra de identidades.

Las redes sociales como TikTok y Instagram no están diseñadas para matizar ideas, sino para amplificarlas y lo que se amplifica más rápido no es lo complejo, sino lo extremo. Así, los debates sobre cultura, educación, género, política o moralidad dejan de ser conversaciones y se convierten en enfrentamientos. No importa tanto entender. Importa ganar la discusión.

Hablar de “pérdida de valores” o “imposición de valores” se ha vuelto común, pero muchas veces estas frases esconden algo más complejo: la dificultad de una sociedad que está cambiando rápido.

Lo que para una generación es tradición, para otra puede ser cuestionamiento. Lo que para unos es progreso, para otros puede ser ruptura. El problema aparece cuando esas diferencias no se discuten, sino que se atacan.

En internet, nadie necesita contexto para emitir una opinión. Un fragmento de video, una frase aislada o una captura de pantalla puede ser suficiente para generar una ola de juicios masivos.

La paciencia para comprender el contexto se reduce, mientras la velocidad de reacción aumenta y en ese entorno, las personas dejan de ser individuos complejos para convertirse en etiquetas. Las plataformas digitales no solo reflejan el conflicto: también lo amplifican.

Los contenidos que generan emoción intensa —especialmente enojo o indignación— suelen recibir más interacción. Esto crea un incentivo silencioso: cuanto más polarizante es un mensaje, más alcance puede tener. Y así, muchas discusiones sobre valores terminan distorsionadas por la lógica de la viralidad.

Una de las tensiones más visibles en el mundo actual es la sensación de que distintos grupos intentan proteger o redefinir valores al mismo tiempo. Algunos ven cambios sociales como una corrección necesaria, otros los perciben como una pérdida de referentes pero en ambos casos, el problema no es solo lo que se defiende, sino cómo se defiende: muchas veces sin diálogo, sin escucha y sin espacio para el desacuerdo.

La exposición continua a debates agresivos está generando algo silencioso: agotamiento social. Muchas personas ya no quieren participar en conversaciones públicas por miedo a ser atacadas, malinterpretadas o etiquetadas. Esto no significa falta de interés, sino saturación emocional.

Reducir la complejidad cultural a términos como “woke” o “anti-woke” simplifica en exceso realidades mucho más amplias. La sociedad no está dividida en dos bloques claros, sino en millones de personas intentando entender cambios rápidos desde experiencias distintas.

El verdadero reto no es eliminar el conflicto de ideas. Es aprender a convivir con el desacuerdo sin convertirlo en deshumanización porque cuando las ideas se vuelven identidades absolutas, las personas dejan de escucharse. Y sin escucha, no hay conversación posible.

Tal vez la salida no esté en ganar el debate cultural, sino en recuperar algo más básico: la capacidad de hablar sin destruir, de discrepar sin odiar y de cuestionar sin cancelar. Porque una sociedad no se mide por cuánto coincide…Sino por cuánto es capaz de entenderse en medio de sus diferencias.

viernes, 29 de mayo de 2026

El temor a equivocarse en la era digital


 

El temor a equivocarse en la era digital

Por Diana Gamboa

Nunca antes equivocarse había dado tanto miedo.

Hoy un error no se queda en silencio. Se graba, se comparte, se comenta, se juzga y, en muchos casos, se convierte en algo imposible de borrar. Vivimos en una era donde equivocarse ya no es solo humano… es público.

Las redes sociales han creado una ilusión peligrosa: la idea de que todo debe hacerse perfecto desde el primer intento. Hablar sin equivocarse, publicar  sin ser criticado, opinar  sin generar conflicto, vivir sin dar “mal ejemplo”. Y así, poco a poco, el miedo al error se convierte en una forma de silencio. Muchas personas prefieren no decir nada antes que arriesgarse a ser atacadas.

Antes, equivocarse era parte del aprendizaje. Hoy, un error puede convertirse en un juicio masivo en cuestión de horas. Un video fuera de contexto, una frase mal interpretada, un comentario hecho sin pensar y de repente, una persona deja de ser vista como alguien que se equivoca… y pasa a ser definida por su error.

En internet, la rapidez reemplazó la comprensión. La paciencia para entender el contexto se reduce, mientras la velocidad de reacción aumenta. Las redes sociales como TikTok y Instagram amplifican cada situación, haciendo que los errores no solo sean visibles, sino permanentes. Y en ese entorno, muchas personas sienten que no tienen derecho a equivocarse.

Cuando equivocarse se vuelve peligroso, algo cambia en la mente humana. Las personas dejan de experimentar, dejan de hablar con libertad, dejan  de intentar cosas nuevas y comienzan a vivir con una pregunta constante:“¿Qué pasará si me equivoco?” Ese miedo no solo limita acciones. También limita sueños.

Las redes sociales muestran vidas editadas, frases perfectas y momentos cuidadosamente seleccionados pero esa perfección es una ilusión. Detrás de cada perfil hay dudas, errores, inseguridades y procesos incompletos. Sin embargo, muchas personas comparan su vida real con versiones irreales de los demás y esa comparación alimenta el miedo a no ser suficiente.

Hemos aprendido a ver el error como algo que hay que esconder, no como algo que ayuda a crecer. Pero toda persona que hoy admiramos alguna vez se equivocó muchas veces antes de lograr algo importante. El problema no es equivocarse. El problema es el miedo que nos impide intentarlo.

Una sociedad sana no es la que nunca se equivoca. Es la que sabe aprender de sus errores sin destruir a las personas por ellos porque cuando el miedo a equivocarse se vuelve más grande que el deseo de crecer, la creatividad se apaga y el silencio crece.

Quizá el verdadero acto de valentía hoy no sea tener todas las respuestas. Quizá sea atreverse a hablar, intentar, crear y vivir… aun sabiendo que equivocarse es parte del camino porque una generación que no se permite fallar…Tampoco se permite evolucionar.

Estados Unidos y La batalla cultural


 

Estados Unidos y la batalla cultural: el miedo a perder la identidad nacional

Por Diana Gamboa

Estados Unidos siempre ha sido una nación construida por inmigrantes, culturas distintas y debates intensos sobre identidad. Pero en los últimos años, el miedo, la polarización y las redes sociales han convertido esas diferencias en una guerra cultural permanente.

Cada día millones de personas discuten sobre inmigración, religión, tradiciones y valores nacionales como si el futuro completo del país dependiera de ello.

Y detrás de toda esa tensión existe una pregunta incómoda:

¿Qué significa realmente ser estadounidense hoy?

Muchas personas sienten preocupación por cambios culturales rápidos. Temen perder costumbres, idioma, tradiciones o formas de vida que consideran parte de la identidad nacional.

Otras personas defienden una sociedad más diversa donde diferentes culturas puedan convivir con libertad.

El problema aparece cuando el debate deja de ser una conversación y se convierte en odio.

Las redes sociales alimentan constantemente el conflicto porque la indignación genera más atención que el entendimiento.

Cuando una sociedad comienza a definir grupos completos como amenazas, el diálogo desaparece y el miedo toma el control.

No todas las personas piensan igual.
No todas las comunidades tienen las mismas ideas.
Y ninguna religión o cultura puede reducirse a estereotipos simples.

Estados Unidos fue construido sobre libertades fundamentales: libertad religiosa, libertad de expresión y derechos individuales protegidos por la ley.

Internet ha hecho que las opiniones más extremas parezcan más grandes de lo que realmente son.

Videos virales, publicaciones agresivas y contenido diseñado para provocar enojo generan millones de reacciones todos los días. Y mientras más enojo producen, más se comparten. Así nace una sociedad cada vez más dividida: personas hablando entre sí, pero rara vez escuchándose.

La mayor amenaza para una nación no es la diversidad cultural. Es perder la capacidad de convivir bajo leyes comunes, respeto mutuo y valores democráticos porque cuando el miedo reemplaza la razón, cualquier grupo puede convertirse en objetivo político o social.

Estados Unidos enfrenta un desafío enorme: proteger su identidad nacional sin destruir las libertades que lo definieron históricamente. Eso requiere debate. Requiere límites legales. Requiere seguridad. Pero también requiere humanidad porque una nación fuerte no se construye odiando diferencias. Se construye encontrando la manera de convivir sin perder sus principios fundamentales.

Padres contra el sistema


 

Padres contra el sistema: el miedo a la influencia ideológica en las escuelas

Por Diana E Gamboa

Cada vez más padres sienten que están perdiendo algo fundamental: el control sobre la educación y los valores que reciben sus hijos.

En todo el país crece una preocupación silenciosa pero intensa. Muchos creen que las escuelas ya no solo enseñan matemáticas, historia o ciencias, sino también ideas políticas, sociales y culturales que algunos padres consideran demasiado sensibles para ciertas edades.

Y en medio de esa discusión explosiva aparece una pregunta que está dividiendo familias, escuelas y comunidades enteras:

¿Dónde termina la educación y dónde comienza la influencia ideológica?

Las escuelas se han convertido en uno de los campos de batalla más grandes de la sociedad moderna.

Temas relacionados con identidad, política, raza, historia, redes sociales y valores culturales generan discusiones cada vez más fuertes entre padres, maestros y gobiernos locales.

Algunos consideran que estos temas ayudan a crear estudiantes más conscientes y preparados para el mundo actual.

Otros sienten que ciertas ideas se presentan de manera unilateral, sin suficiente espacio para el debate o sin respetar las creencias familiares.

Para millones de familias, el problema no es que existan conversaciones difíciles.

El problema es no sentirse incluidos en ellas.

Muchos padres sienten preocupación cuando creen que decisiones importantes sobre valores, identidad o desarrollo emocional ocurren sin comunicación clara con la familia y cuando aparece esa sensación de pérdida de control, el conflicto crece rápidamente.

Internet ha convertido cualquier discusión escolar en un fenómeno nacional. Un video corto, una reunión grabada, un comentario fuera de contexto y en horas, millones de personas reaccionan emocionalmente.

Las redes sociales amplifican los casos más extremos porque el miedo y la indignación generan más interacción que la calma o el análisis.

El resultado es una sociedad cada vez más polarizada donde muchas veces ya no se busca entender, sino confirmar lo que cada grupo ya cree.

Mientras adultos discuten constantemente en internet, muchos jóvenes quedan atrapados en medio de guerras culturales que apenas comprenden.

Algunos sienten presión por encajar socialmente.
Otros miedo de expresar opiniones diferentes.
Y muchos simplemente intentan entender quiénes son en un mundo lleno de mensajes contradictorios.

La adolescencia ya era una etapa compleja antes de las redes sociales. Ahora ocurre bajo observación constante y debates públicos permanentes.

La educación siempre involucrará conversaciones difíciles porque las sociedades cambian constantemente. Pero cuando el debate se convierte en ataques, miedo o desinformación, todos pierden: los padres, los maestros y especialmente los estudiantes.

Más allá de ideologías o partidos políticos, la verdadera discusión es sobre confianza.

¿Pueden las familias confiar en las instituciones educativas?
¿Pueden las escuelas trabajar junto a los padres sin convertir todo en una guerra política?
¿Puede existir diálogo sin demonizar a quienes piensan distinto?

La solución no está en el miedo permanente ni en convertir las escuelas en campos de batalla ideológica. La solución probablemente comienza con más transparencia, más comunicación y más participación de las familias en la educación de sus hijos porque cuando una sociedad deja de conversar y solo aprende a pelear, las nuevas generaciones terminan creciendo en medio del conflicto en lugar del aprendizaje.

El miedo silencioso de perder a alguien que amas


 

El miedo silencioso de perder a alguien que amas

Por Diana Gamboa

Existe un miedo que pocas personas admiten en voz alta. No es miedo a la oscuridad, no es miedo al fracaso, no es miedo a quedarse sin dinero. Es el miedo de despertar un día… y que alguien que amas ya no esté porque cuando amas de verdad, incluso la idea de perder a esa persona puede romperte por dentro.

A veces todo parece normal. Una conversación cualquiera, una  llamada rápida, un abrazo de rutina, un “nos vemos mañana” y sin embargo, en algún rincón del corazón aparece un pensamiento silencioso: “¿Y si algún día esto desaparece?” 

Ahí comienza el miedo. El miedo de perder esa voz que calma. Esa presencia que hace sentir hogar. Esa persona que, sin darse cuenta, se volvió parte de tu vida cotidiana y de tu paz emocional.

La vida nunca prepara a las personas para las despedidas. Nadie enseña cómo seguir adelante después de perder a alguien importante. Nadie explica cómo se siente mirar el teléfono esperando un mensaje que ya no llegará.

Cómo duele entrar a lugares llenos de recuerdos. Cómo el silencio puede volverse insoportable porque cuando alguien que amas falta, no solo desaparece una persona. También desaparecen rutinas, conversaciones, costumbres y partes de ti.

Vivimos tan distraídos que muchas veces olvidamos lo frágil que es todo. Las redes sociales nos mantienen ocupados, el trabajo nos consume, la rutina nos adormece y sin darnos cuenta, posponemos abrazos, ignoramos llamadas, guardamos palabras importantes para “después” Como si las personas fueran eternas.

Pero la vida cambia en segundos y el dolor más grande suele llegar acompañado de una frase que destruye por dentro: “Hubiera querido pasar más tiempo.

La verdad es que quien ama profundamente siempre vive con un poco de miedo. Miedo de perder. Miedo de despedirse. Miedo de quedarse con recuerdos en lugar de presencia porque  las personas importantes no ocupan solo espacio en la vida. Ocupan espacio en el alma.

Con el tiempo, uno entiende algo doloroso:
las cosas más simples terminan siendo las más valiosas. Escuchar una risa, recibir un mensaje, compartir comida, discutir por tonterías, escuchar  un “cuídate”. Momentos que parecen normales… hasta que un día dejan de existir y entonces uno daría todo por volver a vivirlos una vez más.

Aunque las personas cambien, se alejen o la vida las transforme, quienes realmente marcaron el corazón dejan huellas permanentes porque hay personas que siguen viviendo en recuerdos, canciones, fotografías y pequeños detalles cotidianos y aunque el miedo a perder siempre exista, amar sigue valiendo la pena.

No esperes una tragedia para demostrar amor.

Abraza más. Escucha más. Perdona más. Di lo que sientes mientras todavía tienes tiempo. Porque la vida cambia rápido. Demasiado rápido. Y a veces, las personas no entienden cuánto amaban algo… hasta que sienten el vacío de haberlo perdido.

El verdadero valor de alguien casi nunca se comprende completamente mientras está presente. Solo cuando imaginamos el mundo sin esa persona… Entendemos cuánto significaba para nuestro corazón.

jueves, 28 de mayo de 2026

Los jóvenes que aprendieron a callar


 

Los jóvenes que aprendieron a callar: el miedo al rechazo en la era de las redes sociales

Por Diana E Gamboa

Hay una nueva forma de silencio en el mundo moderno. No es el silencio de la calma, es el silencio del miedo.

Millones de jóvenes tienen algo que decir… pero no lo dicen. No porque no tengan ideas, ni porque no sientan profundamente, sino porque han aprendido que en internet una opinión puede convertirse en ataque en cuestión de minutos y así, poco a poco, el miedo al rechazo digital está moldeando una generación entera.

Antes de publicar algo, muchos jóvenes ya no se preguntan si es verdad o si lo sienten. Se preguntan otra cosa: “¿Me van a criticar?”,  “¿Me van a cancelar?”, “¿Se van a burlar?”,  “¿Me voy a arrepentir?”

La opinión pública digital se ha vuelto tan intensa que incluso expresarse empieza a sentirse peligroso y cuando hablar se siente arriesgado, el silencio se vuelve una estrategia de supervivencia.

Las redes sociales como Instagram y TikTok transformaron la vida cotidiana en un escenario permanente. No solo se comparte lo que se hace, se actúa para ser visto.

Cada foto, cada video, cada frase puede ser interpretada, comparada o criticada por miles de personas y eso crea una presión silenciosa: la necesidad de no equivocarse nunca públicamente. Muchos jóvenes no muestran quiénes son, sino quiénes creen que pueden ser aceptados. Filtran emociones, ocultan inseguridades, controlan cada palabra, corrigen cada detalle y el resultado es una versión cuidadosamente editada de la identidad, una versión segura pero  también incompleta.

El rechazo en redes sociales no siempre es directo. A veces es una burla. Otras veces es ignorar. Otras, una ola de críticas pero el impacto emocional puede ser profundo porque el cerebro no distingue entre rechazo “virtual” y rechazo real y cuando ese rechazo se repite, muchas personas empiezan a hacer algo sin darse cuenta: se callan antes de ser criticadas.

El problema no es solo lo que se dice en internet, es todo lo que deja de decirse. Ideas que nunca se comparten, opiniones que nunca salen, creatividad que nunca se publica, emociones  que nunca se expresan. Una generación entera aprendiendo a autocensurarse para evitar el juicio social.

Nunca hubo tanta comunicación y, al mismo tiempo, tanto miedo a hablar. Las redes prometieron libertad de expresión, pero también crearon escenarios donde la exposición puede tener consecuencias emocionales intensas y en ese equilibrio inestable, muchos eligen lo más seguro: desaparecer un poco.

El miedo al rechazo no solo limita lo que se dice también limita quién se llega a ser porque  cada idea que no se expresa, cada voz que se apaga y cada opinión que se guarda, reduce un poco el espacio donde una persona puede crecer con libertad.

A pesar del ruido, todavía hay jóvenes que hablan, que crean, que opinan, que se arriesgan a ser ellos mismos incluso cuando saben que no todos estarán de acuerdo y quizás ahí está la clave. No en eliminar el miedo por completo, sino en no dejar que el miedo decida por completo porque una generación no se define por lo que calla… Sino por lo que finalmente se atreve a decir.

Autoestima por el piso

Autoestima por el piso
📖 Diana E. Gamboa
🖤 “Donde lo que sientes deja de ser silencio.”

Autoestima por el piso

Bienvenidos a Autoestima por el Piso, el blog donde se habla de lo que muchos sienten, pero pocos se atreven a decir. Este no es un espacio de frases bonitas ni de vidas perfectas. Es un lugar para la realidad cruda: la ansiedad que no se ve, las relaciones que rompen por dentro, las redes sociales que comparan, la soledad en medio de miles de contactos y esa sensación silenciosa de no ser suficiente en un mundo que exige perfección todo el tiempo. Aquí se habla de autoestima caída, de emociones que pesan, de decisiones que duelen y de una sociedad que avanza rápido mientras muchas personas se quedan tratando de entender qué está pasando dentro de ellas mismas. Autoestima por el Piso nace para ponerle palabras a lo que normalmente se esconde. Para quienes sonríen afuera pero por dentro están en guerra. Para quienes han sido traicionados, ignorados, confundidos o simplemente sienten que se están perdiendo a sí mismos en medio del ruido del mundo moderno. Cada artículo busca algo más que viralidad: busca despertar, incomodar, hacer reflexionar y, sobre todo, hacer que alguien al otro lado de la pantalla diga: “no soy el único que se siente así”. Porque hoy más que nunca, la verdadera crisis no es solo económica o social… es emocional. Y este blog existe para hablar de eso sin filtros.

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